Mañana, 21 de septiembre, se celebra el Día Mundial de esta Enfermedad

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que unos 50 millones de personas padecen demencia en el mundo, y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. La previsión es que para el año 2050 la cifra actual se triplique. La Enfermedad de Alzheimer es la forma más extendida de demencia (entre el 60% y 70% de los casos).

Según el Dr. Mario Romero Blanco, la Enfermedad de Alzheimer (E.A.) es la causa más frecuente de demencia, entendiéndose por demencia la pérdida de capacidades cognitivas (memoria y otras) que acontece en un individuo previamente sano y que le incapacita para el desarrollo de su vida independiente. Su naturaleza es neurodegenerativa, es decir, debida a la progresiva muerte de neuronas cerebrales y su estudio le compete a la Neurología.

El hecho de que sea cada vez más frecuente se debe al aumento de la esperanza de vida, ya que es la edad su principal factor de riesgo, sin embargo se está observando una disminución de su incidencia (número de casos en una determinada edad) en probable relación con la mejora en los estilos de vida.

Efectivamente se conocen otros factores de riesgo y preventivos que podemos controlar para intentar retrasar su aparición; por ejemplo realizar ejercicio físico regular, la actividad intelectual y social, una alimentación de tipo mediterráneo, controlar la hipertensión arterial, el colesterol y la diabetes, así como abandonar el hábito tabáquico. La depresión desarrollada antes de los 60 años se considera un factor de riesgo de la E.A.

El Dr. Mario Romero Blanco explica que en la mayoría de las ocasiones la E.A. comienza con una alteración severa y mantenida durante más de 6 meses de la memoria reciente (episódica). Este síntoma debe ser confirmado por el neurólogo mediante diferentes tests cognitivos en la consulta. Hay que tener en cuenta que existen otras muchas causas de alteración de la memoria que se pueden confundir con la E.A: (otras demencias, la depresión y los estados de ansiedad, ciertos fármacos, la apnea del sueño, las enfermedades del tiroides y otras).                                                  

Una vez confirmada objetivamente la alteración de la memoria y descartadas esas otras causas, el paso siguiente para el diagnóstico definitivo de E.A., incluso en etapas iniciales en las que aún el paciente se encuentra independiente para realizar todas sus actividades, sería la realización de una de las siguientes pruebas complementarias: estudio del líquido cefalorraquídeo del cual se puede obtener una muestra mediante la realización de una punción lumbar o la realización de un PET cerebral de amiloide.

Obviamente en estadios más avanzados de la enfermedad, que ha tenido una progresión típica, no sería necesaria la realización de estas pruebas, dado que el diagnóstico estaría mucho más claro.

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